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Tecnología

La nueva mascota de Meta revela una extraña tendencia en la inteligencia artificial.

De Tamagotchis a agentes virtuales: Por qué las empresas de IA ahora crean mascotas digitales

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zmx80 · Redactor y Colaborador

3 min de lectura

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La nueva mascota de Meta revela una extraña tendencia en la inteligencia artificial.

¿Por qué de repente la inteligencia artificial quiere tener una mascota?

Durante los últimos años, las compañías de inteligencia artificial han competido por

prácticamente todo: quién tiene el modelo más inteligente, quién genera mejores imágenes, quién programa mejor y quién consigue que su asistente haga más cosas.

Ahora parece haber comenzado una competencia bastante diferente: quién tiene el personaje más simpático.

Meta presentó recientemente Muse, su nuevo agente personal de inteligencia artificial. A diferencia de un chatbot que simplemente espera una pregunta, la idea es que Muse pueda recibir objetivos, trabajar de manera más autónoma y realizar tareas por nosotros incluso mientras hacemos otra cosa.

Meta quiere que Muse termine acompañándonos prácticamente durante todo el día. Puede conectarse con diferentes servicios y aplicaciones, trabajar en una Mac con nuestro permiso, utilizar correo electrónico propio para resolver tareas e incluso continuar trabajando cuando nos alejamos de la computadora.

También puede ayudar con compras, investigación, organización del trabajo y, próximamente, planificación de viajes a través de servicios conectados.

La compañía además está llevando Muse a sus lentes inteligentes. La idea es poder hablar con el agente sin utilizar las manos y permitirle actuar sobre lo que estamos viendo: por ejemplo, identificar un producto frente a nosotros, interpretar un volante o ayudarnos con una lista de compras sin tener que describirle previamente la escena. Meta también mostró Muse Realtime Avatar, una tecnología que convierte al agente en un avatar expresivo con el que podemos conversar. Y junto con toda esa tecnología apareció algo mucho menos intimidante: Jolly, una pequeña criatura de aspecto redondeado que Meta está utilizando para darle una cara más amigable a esta nueva generación de inteligencia artificial. Y Meta no está sola. OpenAI acaba de presentar dots, agentes de inteligencia artificial que pueden trabajar de. manera continua, conectarse con diferentes aplicaciones y aprender progresivamente la forma en que cada persona trabaja. Pero además de ponerles nombre, OpenAI permite elegir personajes e incluso una mascota para representar visualmente a tu dot.

El propio sistema puede generar una para ti. Incluso alrededor de Anthropic, la compañía detrás de Claude, apareció Clawd, un pequeño cangrejo pixelado que se ha vuelto popular entre desarrolladores y miembros de su comunidad.

En este caso no se trata exactamente de una mascota corporativa utilizada oficialmente de la misma manera que Jolly, pero forma parte del mismo fenómeno: darle personalidad a algo que hasta hace muy poco representábamos simplemente con una ventana de texto. Y quizá eso no sea casualidad.

Durante mucho tiempo hablamos de la inteligencia artificial como modelos, parámetros, servidores y enormes centros de datos. Ahora las compañías quieren que estos sistemas formen parte de nuestra vida cotidiana, recuerden lo que hacemos e incluso trabajen mientras nosotros hacemos otra cosa.

Eso implica una relación bastante diferente con la tecnología.

Un personaje adorable no hace que una inteligencia artificial sea mejor ni más segura, pero sí puede hacer que resulte menos extraña. Es mucho más fácil imaginar que una pequeña criatura digital “te está ayudando” que pensar en una enorme red neuronal funcionando en algún centro de datos.

En cierto modo, estamos regresando a una idea bastante antigua. Desde mascotas virtuales como los Tamagotchi hasta los pequeños asistentes que aparecían en las computadoras de los años 90, llevamos décadas intentando darle rostro y personalidad a las máquinas.

La diferencia es que aquellas mascotas prácticamente no podían hacer nada. Estas sí. Y quizá por eso, mientras las compañías continúan compitiendo por construir la inteligencia artificial más poderosa, también están descubriendo que hay otra batalla igual de importante: conseguir que queramos tenerla cerca.

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